Supernova

por Daniel Burman

Esta lograda y muy breve miniserie de Ana Katz vuelve a inscribirse en su inefable registro de “comedia de la incomodidad”, una dramedia con la catástrofe acechando a sus personajes en los modos y momentos más impensados e inefables. El relato va desarrollando numerosos tópicos actuales, pero sin bajar línea. Sin eludir la dureza, siempre la mirada sobre sus personajes es más amorosa que irónica. Se destaca un muy buen elenco de nuevas figuras y de otras consagradas.

La serie refleja algunos momentos de quiebre en las vidas de tres amigos y amigas cercanos a los 30 años y sus consecuencias.

Las películas de Ana Katz podrían inscribirse en el subgénero de “comedia de la incomodidad”, con sus personajes acechados por la catástrofe en los modos y momentos más impensados, pero siempre con la mirada benigna de quien ama a sus personajes más allá de la ironía y que nunca los infantiliza. En el caso de Nicolasa, Mimí y June, los tres protagonistas de esta serie, serán problemas de salud y físicos los detonantes de sus futuras peripecias y cambios.

Nicolasa (Johanna Chiefo, de quien es la idea que dio origen a la serie), es una joven actriz “gordita” que se presenta incansablemente a castings de ficciones y comerciales y se defiende vendiendo empanadas caseras; Mimí (Carolina Kopelioff), es la popular protagonista de una tira de la TV e influencer y June, un joven diabético insulino-dependinte.

Lentamente la serie nos va introduciendo en los entornos familiares de cada uno, que jugarán un rol importante en cada una de sus historias: el padre de Nicolasa y la pareja de él (Luis Ziembrowski e Inés Estévez), la madre de Mimí (Nancy Dupláa) y los padres de June. Finalmente llega el momento en que se encuentran los tres y sus relatos y entornos comienzan a interactuar.

De este modo, Katz (también guionista con su hermano Daniel y otros) va tejiendo una dramedia coral que siempre sorprende, ya que nunca se engolosina con determinadas situaciones repitiéndolas. Sus inefables toques de humor matizan (y realzan) una impronta predominantemente dramática. La serie es breve y su duración total es la de una película larga. Sin embargo, me parece adecuado su formato de serie, con oportunas elipsis entre sus capítulos.

Cada capítulo comienza con un epígrafe de Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Si leemos con atención, vemos el anuncia de que afortunadamente no se trata de un relato sobre la resiliencia o sobre el éxito; no hay bajada de línea sobre los numerosos tópicos que aparecen en el relato y que la serie encara y expone con franqueza: la (in)dependencia (de todo tipo) respecto de los padres, la vivienda, cómo lidiar con una enfermedad crónica, los mandatos sociales sobre el cuerpo, la confianza, la perseverancia, el cuerpo que dice basta, la panacea de la alimentación sana. Ana Katz se las arregla para no caer en la sátira franca, por un lado, ni mucho menos idealizar por el otro. No es complaciente, puede ser dura, pero también constructiva: las “catástrofes” nunca tiene consecuencias definitivamente terminales.

Además de su habilidad para entrelazar las historias, como todo buen relato, Supernova triunfa gracias a su sólido guion y a sus personajes, sobre todo por las luces y sombras de Nicolasa y de Mimí. Algunas de las mejores escenas son las sesiones de terapia de Mimí, con Valentina Bassi como psicoanalista, logradas como pocas veces he visto en una ficción, sesiones donde los silencios y las miradas de la notable Carolina Kopelioff dicen más que mil palabras.

This successful and very short miniseries by Ana Katz is once again inscribed in her ineffable register of “comedy of discomfort”, a dramedy with catastrophe stalking her characters in the most unthinkable and ineffable ways and moments. The story develops numerous current topics, but without going down the line. Without avoiding harshness, her gaze on her characters is always more loving than ironic. A very good cast of new figures and other consecrated ones stands out.

The series reflects some breaking moments in the lives of three close friends at the age of 30 and their consequences.

Ana Katz’s films could be inscribed in the subgenre of “comedy of discomfort”, with her characters stalked by the catastrophe in the most unexpected ways and moments, but always with the benign gaze of someone who loves her characters beyond irony and that never infantilizes them. In the case of Nicolasa, Mimí and June, the three protagonists of this series, health and physical problems will be the triggers for their future adventures and changes.

Nicolasa (Johanna Chiefo, whose idea gave rise to the series), is a young “chubby” actress who tirelessly shows up to fiction and commercial castings and defends herself by selling homemade empanadas; Mimí (Carolina Kopelioff), is the popular protagonist of a TV strip and influencer and June, a young insulin-dependent diabetic.

Slowly, the series introduces us to each one’s family circles, which will play an important role in each of their stories: Nicolasa’s father and his partner (Luis Ziembrowski and Inés Estévez), Mimí’s mother (Nancy Dupláa ) and June’s parents. Finally comes the moment when the three meet and their stories and environments begin to interact.

In this way, Katz (also a screenwriter with her brother Daniel and others) weaves a choral dramedy that always surprises, since she never becomes enamored with certain situations by repeating them. Her ineffable touches of humor nuance (and enhance) a predominantly dramatic imprint. The series is short and its total duration is that of a long movie. However, its series format seems appropriate to me, with timely ellipses between its chapters.

Each chapter begins with an epigraph from Beckett: “You tried. you failed. Does not matter. Try again. Fail again. Fail better.” If we read carefully, we see the announcement that fortunately it is not a story about resilience or success; there is no lowering of the line on the numerous topics that appear in the story and that the series frankly faces and exposes: (in)dependence (of all kinds) with respect to parents, housing, how to deal with a chronic illness, social mandates about the body, confidence, perseverance, the body that says enough, the panacea of ​​healthy eating. Ana Katz manages to avoid falling into frank satire on the one hand, much less idealizing on the other. It is not complacent, it can be harsh, but it is also constructive: “catastrophes” never have definitively terminal consequences.

In addition to its ability to intertwine stories, like any good story, Supernova triumphs thanks to its solid script and its characters, especially the lights and shadows of Nicolasa and Mimí. Some of the best scenes are Mimí’s therapy sessions, with Valentina Bassi as a psychoanalyst, achieved like I have rarely seen in a fiction, sessions where the silences and the looks of the remarkable Carolina Kopelioff say more than a thousand words.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on July 26, 2022.

--

--

Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música

Love podcasts or audiobooks? Learn on the go with our new app.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store
Impresiones de Daniel Burman

Impresiones de Daniel Burman

Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música