Spencer

por Daniel Burman

Larraín recrea tres días supuestamente claves en la vida de Lady Diana Spencer con una afectación derivada de desarrollar el relato desde el punto de vista de su protagonista, acercándolo por momentos al cine de género. Pero más allá de la deslumbrante puesta en escena, vale la pena ver la película por la fascinante y absorbente actuación de una Kristen Stewart más bella que nunca.

https://impresionescinefilas.wordpress.com/2022/07/16/spencer/

La película es un relato ficticio sobre cómo pudo haber sido la estancia de Lady Di junto a la familia real en el palacio de Sandringham durante unas navidades a principios de los años 90.

Spencer aborda un momento en que el matrimonio de los príncipes Diana Spencer y Carlos había llegado a un deterioro sin retorno, cuando la relación de este último con Camila Parker Bowles era notoria. Es preciso entender estos tres días en torno a la Navidad como la gota que rebalsó el vaso de una mujer de origen aristocrático y sin embargo harta de las convenciones y rituales de la realeza y el destrato de su marido. La Casa Real, además, estaba muy preocupada por la conducta de la popular Lady Diana, una celebrity a la que el asedio mediático que no le daba tregua.

Aclarado el contexto, llega el momento de analizar cómo el director Pablo Larraín y el guionista Steven Knight encararon este supuesto punto de inflexión en la vida de la princesa.

No optaron por el realismo sino por privilegiar el punto de vista de su protagonista; a veces lo que vemos no es lo que sucede sino lo que ella imagina, acercando el film al cine de género. Por momentos, da la sensación de que Diana estuviera prisionera en la sede de una secta (tan severa como condescendiente) y obligada a participar de sus ritos, asediada incluso por algún fantasma. Sus únicos soportes afectivos y cables a tierra son sus dos hijos y su asistente vestuarista (Sally Hawkins). La reina la observa con reprobatoria distancia, la relación con Carlos (Jack Farthing, visto en la reciente serie Chloe) es gélida y han traído a una especie de mayordomo (el Escudero Gregory a cargo de un imperturbable Timothy Spall), encargado de supervisar sus movimientos y que se ajuste al protocolo. Sandringham es lindera con la casa familiar en ruinas de la princesa y esto tal vez explique parte de la afectación infantil con que ella se conduce por momentos. El film da menos rodeos a la hora de describir sus trastornos alimentarios.

Es interesante comparar este enfoque con el tratamiento dado por la temporada 4 de The Crown. Considero que el realismo de esta serie es más duro y franco a la hora de pintar a la familia real y su relación con Lady Di.

Larraín está evidentemente fascinado por la realeza (a la que muestra sin embargo anquilosada por el peso de sus ritos y deberes), por el personaje y por la actriz. La ambientación es deslumbrante y el director “juega a las muñecas” con Lady Di y su increíble vestuario. La banda sonora de Jonny Greenwood está constituida por una serie de variaciones sobre un tema, que van del estilo barroco al schubertiano y por otros fragmentos francamente jazzísticos y hay un momento muy logrado y original en el que la música diegética se transforma en otra cosa… Hay algo de la puesta en escena que recuerda a Orlando de Sally Potter, a Greenaway (también por la música) e incluso a La favorita, de Lantimos.

Pero si hay algo por lo que vale la pena ver esta película es por la absorbente y fascinante actuación de Kristen Stewart. Más bella que nunca, nos transmitirá su afectación de niña mimada, a su adulta agobiada, a la mujer despechada y a la madre amorosa.

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Larraín recreates three supposedly key days in the life of Lady Diana Spencer with an affectation derived from developing the story from the point of view of her protagonist, bringing it closer to genre cinema at times. But beyond the dazzling staging, the film is worth seeing for the riveting and absorbing performance of a Kristen Stewart more beautiful than ever.

https://impresionescinefilas.wordpress.com/2022/07/16/spencer/

The film is a fictional account of what Lady Di’s stay with the royal family at Sandringham Palace might have been like during Christmas in the early 1990s.

Spencer addresses a time when the marriage of princes Diana Spencer and Charles had reached a point of decline, when the latter’s relationship with Camila Parker Bowles was notorious. It is necessary to understand these three days around Christmas as the straw that overflowed the glass of a woman of aristocratic origin and yet fed up with the conventions and rituals of royalty and the mistreatment of her husband. The Royal House, in addition, was very concerned about the behavior of the popular Lady Diana, a celebrity to whom the media siege gave her no respite.

With the context clear, it is time to analyze how director Pablo Larraín and screenwriter Steven Knight approached this supposed turning point in the life of the princess.

They did not opt ​​for realism but to privilege the point of view of her protagonist; sometimes what we see is not what happens but what she imagines, bringing the film closer to genre cinema. At times, it seems that Diana was imprisoned in the headquarters of a sect (as severe as condescending) and forced to participate in her rites, even besieged by a ghost. Her only emotional supports and grounding wires are her two children and her costumer assistant (Sally Hawkins). The queen watches her with disapproving distance, the relationship with Carlos (Jack Farthing, seen in the recent series Chloe) is icy and they have brought in a kind of butler (Squire Gregory in charge of an imperturbable Timothy Spall), in charge of supervising their movements and that it conforms to the protocol. Sandringham adjoins the princess’s dilapidated family home, and this may explain some of the childish affectation with which she carries herself at times. The film cuts corners when it comes to describing her eating disorders.

It’s interesting to compare this approach to the treatment given by season 4 of The Crown. I consider that the realism of this series is harder and more frank when it comes to painting the royal family and their relationship with Lady Di.

Larraín is obviously fascinated by royalty (whom he shows, however, stiffened by the weight of her rites and duties), by the character and by the actress. The setting is dazzling and the director “plays dolls” with Lady Di and her incredible wardrobe. Jonny Greenwood’s soundtrack is made up of a series of variations on a theme, ranging from the baroque to the Schubertian style and other frankly jazzy fragments and there is a very successful and original moment in which diegetic music is transformed into something else… There is something about the staging that reminds Orlando of Sally Potter, Greenaway (also for the music) and even La favourite, from Lantimos.

But if there’s one thing this movie is worth watching for, it’s Kristen Stewart’s absorbing and riveting performance. More beautiful than ever, she will convey to us her affectation from her spoiled child, to her overwhelmed adult, to her scorned woman and to her loving mother.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on July 16, 2022.

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Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música

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