No dejes de mirarme / Nunca apartes la mirada / Never Look Away / Werk ohne Autor

por Daniel Burman

Esta biopic-homenaje del artista plástico alemán Gerhard Richter adolece de varios vicios en los que suele incurrir el género, que van desde el esquematismo a la pretenciosidad, en un relato que busca ensamblar historia personal, contextos histórico-políticos y formación artística con un resultado más bien disperso. De todos modos, siempre es útil y necesario que una película vuelva sobre las atrocidades del nazismo (en este caso sus políticas eutanásicas) y también sobre los caminos de la impunidad de sus criminales.

https://impresionescinefilas.wordpress.com/2022/08/15/no-dejes-de-mirarme-nunca-apartes-la-mirada-never-look-away-werke-ohne-autor/

La película sigue la vida personal y artística un pintor, Kurt Barnert, desde su niñez en Dresde en 1937, a lo largo de casi tres décadas de historia alemana.

En realidad, esta película de Florian Henckel von Donnersmarck es una biopic-homenaje al importante artista plástico alemán Gerhard Richter y expone varias circunstancias de su vida y la relación de ellas con su formación artística.

No casualmente, la película empieza con una visita de Kurt siendo niño con su tía Elisabeth a la Exposición de Arte Degenerado (Entartete Kunst) en Dresde en 1937, donde el guía interpretado por Lars Eidinger ( Babylon Berlin, Irma Vep) enumera minuciosamente las características “degeneradas” de esas obras catalogadas así por el nazismo.

Más pronto que tarde, la película aborda la cuestión de las criminales políticas eutanásicas del régimen nazi sobre los discapacitados y los enfermos mentales, centrándose en el ginecólogo Carl Seeband (Sebastian Koch) y los tremendos bombardeos a Dresde de los aliados, ciudad que quedaría dentro de lo que será Alemania Oriental. Por lo tanto, Von Donnersmarck nos mostrará la formación artística del joven Kurt según los preceptos del “realismo socialista”, estableciendo un paralelismo un tanto obvio con el comienzo de la película. Al mismo tiempo, se va desarrollando el romance de Kurt con otra Elisabeth (Paula Beer, la gran actriz de Undine) y constataremos que elementos del pasado nazi seguirán presentes en la vida del joven (Tom Schilling).

Siempre genera curiosidad ver cómo un director alemán aborda el nazismo o el socialismo en Alemania del Este (esto último ya lo había hecho Von Donnersmarck en La vida de los otros). Pero No dejes de mirarme (una ambiciosa película de 3 horas) adolece de ciertas fallas en las que suelen incurrir las biopics, en particular las de artistas. Aparecen los tópicos típicos: el trauma original y la influencia en la obra, la relación entre arte y la formación artística con la política y la ideología y entre vida privada e ideología, la búsqueda de un lenguaje artístico propio (tan difícil de describir en una película) y de un ambiente de libertad para desarrollarlo y el infaltable momento epifánico. En este punto, el título original alemán (Werk ohne Author, obra sin autor), es el que mejor funciona como síntesis de su ideario artístico.

Pero todos estos elementos están expuestos y combinados con cierto esquematismo y a veces con pretenciosidad; pero el resultado es disperso, no luce del todo integrado. La machacona banda sonora de Max Richter repite hasta el hartazgo un leit motiv de 3 notas pretendiendo insuflar grandeza a algunas escenas, pero irónicamente, los mejores (y ciertamente bellos) momentos musicalizados de la película son los que utilizan fragmentos de Handel y Purcell. Y es una pena que el personaje de Beer vaya perdiendo relevancia a medida que avanza la película, con todo lo que ello implica.

De todos modos, siempre es útil que una película vuelva sobre las atrocidades del nazismo y también sobre los caminos de la impunidad.

This biopic-tribute to the German plastic artist Gerhard Richter suffers from various vices that the genre usually incurs, ranging from schematic to pretentiousness, in a story that seeks to assemble personal history, historical-political contexts and artistic training with a result rather scattered. In any case, it is always useful and necessary for a film to return to the atrocities of Nazism (in this case its euthanasia policies) and also to the paths of impunity for its criminals.

The film follows the personal and artistic life of a painter, Kurt Barnert, from his childhood in Dresden in 1937, through almost three decades of German history.

Actually, this film by Florian Henckel von Donnersmarck is a biopic-tribute to the important German plastic artist Gerhard Richter and exposes various circumstances of his life and their relationship with his artistic training.

Not coincidentally, the film opens with a visit by Kurt as a child with his aunt Elisabeth to the Exhibition of Degenerate Art (Entartete Kunst) in Dresden in 1937, where the guide played by Lars Eidinger ( Babylon Berlin, Irma Vep) minutely enumerates the characteristics “degenerate” of those works cataloged like this by Nazism.

Sooner rather than later, the film addresses the issue of the Nazi regime’s criminal euthanasia policies on the disabled and the mentally ill, focusing on gynecologist Carl Seeband (Sebastian Koch) and the tremendous Allied bombing of Dresden, a city that would remain within of what will be East Germany. Therefore, Von Donnersmarck will show us the artistic training of the young Kurt according to the precepts of “socialist realism”, establishing a somewhat obvious parallelism with the beginning of the film. At the same time, Kurt’s romance with another Elisabeth (Paula Beer, the great actress from Undine) develops and we will see that elements of the Nazi past will continue to be present in the life of the young man (Tom Schilling).

It always arouses curiosity to see how a German director tackles Nazism or socialism in East Germany (Von Donnersmarck had already done the latter in The Lives of Others). But Never Look Away (an ambitious 3-hour film) suffers from certain flaws that biopics tend to incur, particularly those of artists. The typical topics appear: the original trauma and the influence on the work, the relationship between art and artistic training with politics and ideology and between private life and ideology, the search for one’s own artistic language (so difficult to describe in a film) and an atmosphere of freedom to develop it and the inevitable epiphanic moment. At this point, the original German title (Werke ohne Author, work without an author), is the one that works best as a synthesis of his artistic ideas.

But all these elements are exposed and combined with a certain schematic and sometimes pretentiousness; but the result is scattered, it does not look fully integrated. Max Richter’s pounding soundtrack repeats ad nauseam a 3-note leitmotif in an attempt to infuse some scenes with grandeur, but ironically, the best (and certainly beautiful) musical moments of the film are those that use fragments of Handel and Purcell. And it’s a shame that Beer’s character is losing relevance as the film progresses, with all that that implies.

In any case, it is always useful for a film to return to the atrocities of Nazism and also to the paths of impunity.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on August 15, 2022.

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