El empleado y el patrón / The Employer and the Employee

por Daniel Burman

La película del uruguayo Manolo Nieto plantea claramente un conflicto de clases, pero modificando ciertos aspectos con los que esta problemática en general se expresa y con una carga ominosa que la acerca al thriller “de baja intensidad”. Considero que la mirada que aporta es polémica: personalmente, me dejó un regusto reaccionario y acaso ligeramente misógino.

Rodrigo (Nahuel Pérez Biscayart) es un joven hacendado que está al frente de uno de los campos de su padre (Jean Pierre Noher) al norte del Uruguay en la frontera con Brasil. Está casado con Federica (Justina Bustos) y tienen un hijo muy pequeño con probables problemas de salud. Ante la necesidad de manejar una cosechadora, contrata a Carlos (Cristian Borges), un joven de la zona que a su vez está casado y tiene una hija pequeña. Una situación inesperada tensará la relación entre ambas familias.

El núcleo de la película del uruguayo Manolo Nieto plantea claramente un conflicto de clases, pero modificando ciertos aspectos en que esta problemática en general se expresa, eludiendo una bipolaridad obvia. Básicamente este cambio se da en el tipo de hacendado que es Rodrigo, lejos de los estereotipos que se asignan a alguien de su posición social y que le imprime una dinámica diferente al conflicto y a la relación con el hermético Carlos y su familia; por momentos aparece una condescendencia que recuerda a La ceremonia de Chabrol (película con la que tiene más de un punto de contacto).

El conflicto de clases (exacerbado por la situación puntual que no conviene revelar) se manifiesta en diferentes planos, algunos explícitos (y en parte fuera de campo) y otros encuadrados en el marco de lo posible, lo latente y la negociación. En este sentido, es notable la carga ominosa de la película: el espectador siente en todo momento que algo puede perturbar en cualquier momento la (aparente) calma de las situaciones, la precaria armonía sostenida por los protagonistas, lo que lleva a la película por el camino de un thriller poco tradicional. El hermetismo de Carlos hace lo suyo.

La descripción que hace Nieto del trabajo en el campo, del campo mismo, de los moradores de esa frontera y de una subtrama relativa a una competencia con caballos muestra una gran pericia en la puesta en escena que por momentos roza el documental.

Las conclusiones sobre la facetada mirada de la película sobre el conflicto de clases planteada en ella considero que no están exentas de polémica. Sin ser categórico, el conjunto me dejó un regusto reaccionario y acaso ligeramente misógino. Espero estar equivocado.

The film by the Uruguayan Manolo Nieto clearly poses a class conflict, but modifying certain aspects with which this problem is expressed in general and with an ominous charge that brings it closer to a “low intensity” thriller. I consider that the look it provides is controversial: personally, it left me with a reactionary and perhaps slightly misogynistic aftertaste.

Rodrigo (Nahuel Pérez Biscayart) is a young landowner who is in charge of one of the fields of his father (Jean Pierre Noher) in the north of Uruguay on the border with Brazil. He is married to Federica (Justina Bustos) and they have a very young son with probable health problems. Faced with the need to drive a harvester, he hires Carlos (Cristian Borges), a young man from the area who is also married and has a young daughter. An unexpected situation will strain the relationship between both families.

The core of the film by the Uruguayan Manolo Nieto clearly poses a class conflict, but modifying certain aspects in which this problem is expressed in general, avoiding an obvious bipolarity. Basically, this change occurs in the type of landowner that Rodrigo is, far from the stereotypes that are assigned to someone of his social position and that imprints a different dynamic on the conflict and the relationship with the hermetic Carlos and his family; at times there is a condescension reminiscent of Chabrol’s ceremony (a film with which he has more than one point of contact).

The class conflict (exacerbated by the specific situation that should not be revealed) manifests itself on different planes, some explicit (and partly off-screen) and others framed within the framework of the possible, the latent and the negotiation. In this sense, the ominous charge of the film is notable: the viewer feels at all times that something can disturb the (apparent) calm of the situations, the precarious harmony sustained by the protagonists, which leads the film to the path of an untraditional thriller. Carlos’s secrecy does its thing.

Nieto’s description of the work in the field, of the field itself, of the inhabitants of that border and of a subplot related to a competition with horses shows a great skill in the staging that at times borders on the documentary.

The conclusions about the faceted look of the film on the class conflict raised in it I consider that they are not exempt from controversy. Without being categorical, the set left me with a reactionary and perhaps slightly misogynistic aftertaste. I hope to be wrong.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on January 21, 2022.

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Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música

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