Corpus Christi

por Daniel Burman

Notable película del polaco Jan Komasa (director de la posterior Hater) sobre un falso sacerdote, en un relato que sabe interrogarnos acerca de la vocación, el oportunismo y la salvación de una manera por momentos triste y dolorosa pero siempre conmovedora

Daniel es un convicto que sale en libertad condicional de un correccional de jóvenes en Varsovia para ser enviado a trabajar a un aserradero en el otro extremo de Polonia. Pero en lugar de ello, casi por accidente, termina oficiando como vicario del párroco del pueblo que se encuentra junto a ese aserradero. Estos casos de falsos sacerdotes son frecuentes en Polonia, país en el que décadas de comunismo no pudieron con su acendrado catolicismo.

No sabemos mucho sobre Daniel al comenzar la película; por ejemplo, por qué está detenido. Pero sí se nos muestra que es el asistente del cura del centro de detención y que quiere ingresar al seminario.

Esta notable película de Jan Komasa tiene la inteligencia de no limitarse a explotar el malentendido sobre la impostura de Daniel y las tensiones derivadas de su eventual desenmascaramiento. Él parece decidido a tomarse su función en serio y no tarda en tomar conocimiento de una tragedia que afectó al pueblo hace poco y en comprometerse con una postura (si se quiere cristiana) que incluso puede resultarle perjudicial. Y es este conflicto y la conducta del falso sacerdote lo que nos interroga acerca de si lo suyo se trata de una legítima vocación pastoral y religiosa o de oportunismo para zafar de un destino proletario, o ¿por qué no de ambos? ¿Intenta un camino de redención y de reparación que trascienda lo personal? Como en la posterior y notable película Hater, del mismo director, Corpus Christie presenta un protagonista que oculta sus orígenes y pretende trascenderlos. También esconde su pasado como el Reverendo Toller de La Iglesia de la Salvación.

El pueblo polaco donde transcurre la película, con su acendrado catolicismo, podría tratarse perfectamente de uno español, irlandés o latinoamericano.

Komasa establece un logrado y deliberado contraste entre las escenas que transcurren en el correccional y las que se desarrollan en el pueblo. La puesta en escena es sobria y las actuaciones ajustadas, sobresaliendo un magnético Bartosz Bielenia (también atribulado protagonista de Horario estelar) como un Daniel que con sus enormes ojos nos recuerda, no casualmente, a la María Falconetti de Juana de Arco de Dreyer, en un relato (¿acaso parábola cristiana?) que sabe plantear sus interrogantes de una manera por momentos triste y dolorosa y siempre conmovedora.

Notable film by the Polish Jan Komasa (director of the later Hater) about a false priest, in a story that knows how to question us about vocation, opportunism and salvation in a way that is sometimes sad and painful but always moving

Daniel is a convict who is paroled from a youth correctional facility in Warsaw to be sent to work in a sawmill on the other side of Poland. But instead, almost by accident, he ends up officiating as vicar of the parish priest of the town that is located next to that sawmill. These cases of false priests are frequent in Poland, a country in which decades of communism could not with its pure Catholicism.

We don’t know much about Daniel at the start of the movie; for example, why he is detained. But we are shown that he is the assistant to the priest at the detention center and that he wants to get into the seminary.

This remarkable film by Jan Komasa has the intelligence not to limit itself to exploiting the misunderstanding about Daniel’s imposture and the tensions arising from his eventual unmasking. He seems determined to take his role seriously and it doesn’t take long for him to become aware of a tragedy that recently affected the town and to commit himself to a position (if it wants to be Christian) that may even be detrimental to him. And it is this conflict and the behavior of the false priest that questions us about whether his is a legitimate pastoral and religious vocation or opportunism to escape from a proletarian destiny, or why not both? Is he trying a path of redemption and reparation that transcends the personal? As in the later and notable film Hater, by the same director, Corpus Christie presents a protagonist who hides his origins and seeks to transcend them. He also hides his past as Reverend Toller of The Salvation Church.

The Polish town where the film takes place, with its pure Catholicism, could perfectly be a Spanish, Irish or Latin American town.

Komasa establishes a successful and deliberate contrast between the scenes that take place in the correctional facility and those that take place in the town. The staging is sober and the performances tight, with a magnetic Bartosz Bielenia (Prime Time) standing out as a Daniel who with his huge eyes reminds us, not coincidentally, of Dreyer’s Jeanne D’Arc, in a story (perhaps a Christian parable?) that knows pose their questions in a way that is sometimes sad and painful and always moving.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on June 13, 2022.

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Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música

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