Blonde / Rubia

por Daniel Burman

El director encuadra casi todo el relato desde la subjetividad de la protagonista, dominada por traumas que no logra superar. Un calvario de casi tres horas filtrado en gran parte por un tono onírico y estilizaciones constantes, decisiones formales que hacen que acaso sufra más el personaje que el espectador y donde curiosamente se aborda, pero no se nombra a las principales parejas de la diva. Está claro que se trata de una biografía novelada y no de una biopic realista.

Ana de Armas (casi todo el tiempo frente a cámaras) luce muy parecida a MM y le pone el cuerpo a todos los vejámenes y sufrimientos constantes de su criatura y a las raras treguas y momentos de dicha, totalmente entregada a la marcación del director y guionista, para bien y para mal.

La película basada en la novela biográfica homónima de Joyce Carol Oates propone una singular recorrida por la vida de Marilyn Monroe, desde su infancia hasta su trágica muerte.

Sin dudas que Blonde no es la típica biopic realista y con pretensiones de agotar en sus casi tres horas la vida de una estrella, y menos una de la magnitud de MM. Es una biografía novelada e ignoro qué tan fiel sería a la novela de Oates, en contenido y tono.

Un eje del análisis podría ser que la película de Andrew Dominik (también guionista) se encuadra casi excluyentemente desde el punto de vista de su protagonista, entendida como una mujer dominada por traumas que no logra superar y que se ponen de manifiesto en sus vínculos y en su carrera, encabezados por una madre-monstruo (notable Julianne Nicholson, vista hace poco en Mare of Easttown), la obsesión por el padre ausente y el fantasma de la locura. Otros elementos que aparecen son la maternidad, la disociación y los conflictos entre el “personaje MM” (la bomba y objeto sexual) y la mujer (Norma Jean), la consecuente y creciente disconformidad con el sesgo de una filmografía pensada para el “personaje”, sus inquietudes y esfuerzos para modificar su formación y perfil de actriz, la subestimación de su cultura, los consumos problemáticos y el rol de las actrices como piezas en el engranaje, como propiedad de una industria que no puede detenerse y las tritura.

Durante casi todo el metraje, todas estas cuestiones no le dan tregua a la protagonista: son cerca de tres horas de un calvario digno de una película de Lars Von Trier, un cineasta caracterizado por vapulear a sus heroínas.

Pero para relatar este calvario, con sus variables y determinantes, y remitirlo y someterlo al plano subjetivo de la protagonista, hay una continua evasión desde el realismo hacia lo onírico y la estilización. Al terminar Blonde, me surgió la comparación con Spencer, otra película sobre un personaje real, Lady Diana Spencer, totalmente sometida a su subjetividad. Pero mientras en este caso la película de Larraín aborda sólo 3 días de la vida de Lady Di con su familia política y es mucho más breve (y lograda), Dominik mantiene su enfoque durante casi tres horas (y para gran parte de una vida) lo cuál resulta excesivo para una película tan larga y deja afuera algunas cuestiones que no es posible abordar de este modo (por ejemplo, apuntes más consistentes sobre sus películas y ningún desarrollo sobre su relación con sus coprotagonistas).

Dominik no vacila en recurrir a simbolismos e imágenes que recuerdan a Gaspar Noé, algunas de las cuales harían las delicias de la derecha anti derechos. Siempre con un formato de pantalla casi cuadrado que a veces se estrecha y una fotografía que oscila entre el blanco y negro y el color.

Con estas decisiones formales casi omnipresentes y la forma en que están resueltas, terminan creando cierto distanciamiento donde acaso el resultado sea que en muchos casos sufra más el personaje que el espectador…

Salvo en un curioso vinculo temprano, el relato desarrolla su relación con el deportista, el dramaturgo y el presidente que constituyeron sus parejas más famosas, pero sin nombrarlos. Acaso el segmento correspondiente a este último vínculo sea el más duro, sorprendente e interesante de la película.

Ana de Armas (casi todo el tiempo frente a cámaras) luce muy parecida a MM y le pone el cuerpo a todos los vejámenes y sufrimientos constantes de su criatura y a las raras treguas y momentos de dicha, totalmente entregada a la marcación del director y guionista, para bien y para mal.

The director frames almost the entire story from the subjectivity of the protagonist, dominated by traumas that she cannot overcome. An ordeal of almost three hours filtered in large part by a dreamlike tone and constant stylizations, formal decisions that perhaps make the character suffer more than the viewer and where, curiously, the main couples of the diva are addressed, but not named. It is clear that this is a fictionalized biography and not a realistic biopic.

Ana de Armas (almost all the time in front of cameras) looks very similar to MM and puts her body to all the harassment and constant suffering of her creature and to the rare truces and moments of happiness, totally dedicated to the marking of the director and screenwriter , for better and for worse.

The film based on the homonymous biographical novel by Joyce Carol Oates offers a unique journey through the life of Marilyn Monroe, from her childhood to her tragic death.

Undoubtedly, Blonde is not the typical realistic biopic with claims to exhaust the life of a star in its almost three hours, let alone one of the magnitude of MM. It is a fictionalized biography and I don’t know how faithful it would be to Oates’s novel, in content and tone.

An axis of analysis could be that the film by Andrew Dominik (also a screenwriter) is framed almost exclusively from the point of view of its protagonist, understood as a woman dominated by traumas that she cannot overcome and that are revealed in her bonds and in his career, led by a mother-monster (notably Julianne Nicholson, recently seen in Mare of Easttown), the obsession with the absent father and the ghost of madness. Other elements that appear are motherhood, dissociation and conflicts between the “MM character” (the bombshell and sexual object) and the woman (Norma Jean), the consequent and growing disagreement with the bias of a filmography designed for the “character “, her concerns and efforts to modify her training and profile as an actress, the underestimation of her culture, problematic consumption and the role of actresses as cogs in the gear, as property of an industry that cannot stop and crushes them.

During almost the entire length of the film, all these questions give the protagonist no respite: they are about three hours of an ordeal worthy of a film by Lars Von Trier, a filmmaker characterized by beating his heroines.

But to relate this ordeal, with its variables and determinants, and refer it and submit it to the subjective plane of the protagonist, there is a continuous evasion from realism towards the oneiric and stylization. When I finished Blonde, the comparison with Spencer came to mind, another film about a real character, Lady Diana Spencer, totally subjected to her subjectivity. But while in this case Larraín’s film addresses only 3 days of Lady Di’s life with her in-laws and is much shorter (and successful), Dominik maintains his focus for almost three hours (and for much of a lifetime) which is excessive for such a long film and leaves out some issues that cannot be addressed in this way (for example, more consistent notes on his films and no development on his relationship with his co-stars).

Dominik does not hesitate to resort to symbolism and images reminiscent of Gaspar Noé, some of which would delight the anti-rights right. Always with an almost square screen format that sometimes narrows and a photograph that oscillates between black and white and color.

With these almost omnipresent formal decisions and the way they are resolved, they end up creating a certain distance where perhaps the result is that in many cases the character suffers more than the viewer…

Except for a curious early link, the story develops her relationship with the athlete, the playwright and the president who were her most famous couples, but without naming them. Perhaps the segment corresponding to this last link is the hardest, most surprising and interesting of the film.

Ana de Armas (almost all the time in front of cameras) looks very similar to MM and puts her body to all the harassment and constant suffering of her creature and to the rare truces and moments of happiness, totally dedicated to the marking of the director and screenwriter , for better and for worse.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on October 12, 2022.

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