Amor y anarquía / Love & Anarchy — Temporada/Season 2

por Daniel Burman

Amor y anarquía afortunadamente sigue desarrollando su aguda y mordaz descripción del mundillo editorial (editores, financistas y escritores), presentando nuevos aspectos del mismo, hábilmente entrelazados con los dictados de la corrección política, el consumo, las modas, los influencers, cuestiones de género, los nuevos formatos, las demandas de la industria del streaming, la vigencia y defensa de lo literario y la realidad y los vínculos como insumos de la ficción. Si bien la serie mantiene sus momentos graciosos e irónicos, esta temporada alcanza acaso mayor hondura dramática que la primera (gracias al desarrollo de la crisis de su protagonista, el crecimiento de otros personajes y la aparición de otros nuevos), asomándose a abismos propiamente escandinavos.

Muchas cosas han cambiado en la vida de Sofie desde la temporada 1. Se ha separado de su marido y alquilado un nuevo departamento para ella y para recibir a sus hijos. Sin embargo, sufrirá nuevas tribulaciones y tristezas familiares que de algún modo continúan y complementan la crisis personal iniciada en la temporada 1. El relato apela a un recurso que comenzará a tornarse reiterativo, pero que se irá revelando necesario a medida que evoluciona el personaje de Sofie. Y no será ajena a esta crisis su relación con Max y las conductas y elecciones que él irá desarrollando.

Amor y anarquía afortunadamente sigue desarrollando su otra vertiente narrativa consistente en su aguda y mordaz descripción del mundillo editorial (editores, financistas y escritores), presentando nuevos aspectos del mismo, hábilmente entrelazados con los dictados de la corrección política, el consumo, las modas, los influencers, las cuestiones de género, los nuevos formatos, las demandas de la industria del streaming, la vigencia y defensa de lo literario y la realidad y los vínculos como insumos de la ficción. Sorprenderá a algunos espectadores (y lectores y escritores) latinoamericanos que una decisión que toma la editorial y es considerada como polémica en Suecia, en nuestras latitudes es de lo más normal. Sofie sigue encarnando la primacía del aspecto comercial por sobre el literario: en este sentido su personaje redobla la ferocidad y el cinismo que exhibía en la primera temporada. Esta temática, incluso dejará en un segundo plano, en algunos capítulos, a la relación de Sofie y Max, que continúa mientras con sus “desafíos”.

Algunos de los mejores y más conmovedores momentos de la serie estarán a cargo de los editores Denise y Friedrich, con su lograda mezcla de colaboración y rivalidad, en notables actuaciones de Gisem Erdogan (la protagonista de Califato) y Reine Brynolfsson. Otro tanto podemos decir de la recepcionista Caroline (Carla Sehn). Otro acierto de la temporada es darle más protagonismo y permanencia como personaje a una escritora, Vivianne (notable trabajo de Marina Bouras). Y, por supuesto, son dignas de resaltarse las actuaciones de los protagonistas, con la bella Ida Engvoll (su personaje de a ratos es terrible) capaz de “afearse” en sus peores momentos o de apelar a un humor físico y una actitud corporal que recuerdan a Lucille Ball.

Si bien la serie conserva sus momentos graciosos e irónicos, esta temporada alcanza acaso mayor hondura dramática que la primera, gracias al desarrollo de la crisis de Sofie, el crecimiento de otros personajes y la aparición de otros nuevos, asomándose a abismos propiamente escandinavos.

Amor y Anarquía, como las grandes óperas-comedia de Mozart, concluye con un capítulo final conmovedor y antológico, una síntesis sin claudicaciones en la que convergen magistralmente todas sus historias y temáticas.

Fortunately, Love and Anarchy continues to develop its sharp and scathing description of the publishing world (publishers, financiers and writers), presenting new aspects of it, cleverly intertwined with the dictates of political correctness, consumption, fashions, influencers, new formats. , the demands of the streaming industry, the validity and defense of the literary and reality and the links as inputs of fiction. Although the series does not lose its funny and ironic moments, this season reaches perhaps greater dramatic depth than the first (thanks to the development of the crisis of its protagonist, the growth of other characters and the appearance of new ones), peering into abysses itself Scandinavians

Many things have changed in Sofie’s life since the end of Season 1. She has separated from her husband and rented a new apartment for herself and her children. However, he will suffer new tribulations and family sorrows that somehow continue and complement the personal crisis that began in season 1. The story appeals to a resource that will begin to become repetitive, but that will prove necessary as the character of Sophie. And her relationship with Max and the behaviors and choices that he will develop will not be unrelated to this crisis.

Fortunately, Love and Anarchy continues to develop its other narrative side consisting of its sharp and scathing description of the publishing world (publishers, financiers and writers), presenting new aspects of it, skilfully intertwined with the dictates of political correctness, consumption, fashions, the influencers, the new formats, the demands of the streaming industry, the validity and defense of the literary and reality and the links as inputs of fiction. It will surprise some Latin American viewers (and readers and writers) that a decision made by the publisher and considered controversial in Sweden is quite normal in our latitudes. Sofie continues to embody the primacy of the commercial aspect over the literary: in this sense, her character redoubles the ferocity and cynicism that she exhibited in the first season. This theme will even leave in the background, in some chapters, the relationship between Sofie and Max, which continues with its “challenges”.

Some of the best and most moving moments in the series will be delivered by editors Denise and Friedrich, with their successful mix of collaboration and rivalry, in notable performances by Gisem Erdogan (the lead from Caliphate) and Reine Brynolfsson. The same can be said of receptionist Caroline (Carla Sehn). Another success of the season is to give more prominence and permanence as a character to a writer, Vivianne (notable work by Marina Bouras). And, of course, the performances of the protagonists are worth highlighting, with the beautiful Ida Engvoll (her character at times is terrible) capable of “making herself ugly” in her worst moments or appealing to a physical humor and a bodily attitude that remember Lucille Ball.

Although the series does not lose its funny and ironic moments, this season reaches perhaps greater dramatic depth than the first, thanks to the development of Sofie’s crisis, the growth of other characters and the appearance of new ones, peering into true Scandinavian abysses.

Love and Anarchy, like Mozart’s great opera-comedy, concludes with a moving and anthological final chapter, a synthesis without claudication in which all its stories and themes masterfully converge.

Originally published at http://impresionescinefilas.wordpress.com on July 22, 2022.

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Impresiones, apuntes y reseñas críticas con claves de lectura y análisis sobre cine, series, libros, teatro y música

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